martes, 12 de enero de 2010

Por escrito

Alguien me dijo una vez que esto del escribir se pierde si no se practica, que la mente del creador no es sólo imaginación, influencias y arte, sino también trabajo, constancia y, en un muy segundo plano, una pizca de inspiración en un momento concreto (quizá motivada por alguna musa).
Para escribir como para casi todo, es indispensable vivir: escribimos lo que somos. Hace falta sentir lo maravilloso y horrible que puede ser este mundo y los que lo formamos para poder plasmar de manera bella algo que vaya a gustar. Ya no a aquellos que vayan a leerlo, sino, y en mi caso especialmente, a quien lo escribe. ¿Finalmente qué es todo esto sino mis propias memorias verbalizadas, mis sentimientos hechos palpables, legibles y compartidos con aquellos que, por azar o providencia, decidieron aburrirse con unos cuantos párrafos cutres?
Escribir, y sobre todo compartir lo que se me pasa por mi desorganizada cabeza empieza a ser una necesidad que roza la ridiculez en ocasiones. Y aquí estoy, sin tratar mínimamente de ponerle solución, agravando este "síndrome del escritor" que me desvela de cuando en cuando y me regala madrugadas llenas de quebraderos y borrones en la papelera, con la esperanza de que todo esto no se quede en simples palabras para mí, sino que sirvan de algo a aquellos que las miran.
Por fin, desde España...
À bientôt!

domingo, 13 de diciembre de 2009

Cuestión de Sexos

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Como mujer, a menudo escucho: “me encantaría saber cómo piensan los hombres”. Y a partir de esta afirmación se escucha el típico: “son hombres, son simples, no le dan vueltas a nada” a menudo seguido de: “por el contrario nosotras mujeres somos rebuscadas, complicadas, y hacemos un mundo de un pequeño grano de arroz”. Y yo digo, ¿podría ser que los hombres no fueran tan simples? ¿Podría ser que nosotras, mujeres, en nuestras complicadas cavilaciones hayamos llegado a la conclusión de que lo son para dar una respuesta medianamente lógica a nuestras dudas? Y la única conclusión a la que llego es que al fin y al cabo, hombres o mujeres, todos somos personas, y como tal, y casi por definición, somos seres racionales y por lo tanto, complicados. ¿Por qué seguir buscándole explicación a cosas que jamás comprenderemos? Vamos a querernos y vamos a llevarnos bien… A veces las cosas son más sencillas de lo que parecen.

Con dedicación especial, y desde Londres…

À bientôt!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Ultimando

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“Donde hay agua siempre hay vida, donde hay sueños hay caminos. Donde hay paz hay alegría; si hay amor, también suspiros. Cuando hay fe hay esperanza, donde hay sol siempre habrá luz. Donde estés, estoy contigo, por muy lejos que estés tú”
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Una mañana te levantas en la más remota oscuridad, los días a cual más gris que el anterior, y si el tiempo acompaña la luz se ve incluso más lejana. Sin embargo, en medio de esa rutina una canción reaparece en tu vida y, sin razón alguna y por pura casualidad se encarga de recordarte aquello por lo que vives, luchas y sientes; aquello que permanece a pesar de las distancias, y que te acompaña allá donde vayas. Esa parte de mi vida que, aunque yo me empeñe en olvidar, jamás me abandonó.
Y mientras tanto seguiré extrañando los días en los que no se me borraba la sonrisa, aquellos días en los que esta sensación afloraba en todos los rincones de mi pequeño mundo. Esperando con la esperanza real de volver, puesto que tengo la meta ante mis ojos, reclamando sólo un poco de paciencia y fe… y calma y horas y días...

Ultimando, desde Londres,

À bientôt!

martes, 10 de noviembre de 2009

Curiosidades

Resulta curioso cómo vivimos los momentos sin darnos cuenta de lo especiales que realmente son, pensando: “es un día más, ojalá pasara algo interesante”. Curioso es no saber que estas escribiendo tu propia historia mientras andas hacia el metro muerto de frío cada mañana. No sé quién dijo un día: "La vida de los muertos consiste en hallarse presente en el espíritu de los vivos", y es que verdaderamente resulta curioso ser consciente después de un tiempo de las huellas que dejamos en el camino, en las personas, esas huellas que al fin y al cabo son nuestro legado y lo que quedará de nosotros cuando abandonemos este mundo. Curioso es vivir, sin saber que estás viviendo, tejiendo tus sueños mientras otros los deshacen al mismo tiempo, forjando ilusiones que se quedarán en el pensamiento. Curioso es que después tengas que sobrevivir a base de recuerdos que creías vanos, sin sustancia. Es curioso que cuando llegamos a viejos, de todos esos momentos que hemos vivido… sólo nos quedan los buenos en la memoria. Es curioso cómo nos derrumbamos ante la adversidad, y curioso cómo nuestro pesimismo y nuestra debilidad nos impiden ver la mano que tenemos al lado, tendida dispuesta a ayudarnos a levantar de nuevo. La vida es curiosa, difícil. Sin embargo, Dios aprieta pero no ahoga, y nos regala vivencias maravillosas, que siempre serán nuestro sustento en tiempos de oscuridad.
Desde Londres,
À bientôt!

miércoles, 14 de octubre de 2009

De noche

Entre el tumulto propio del puro centro de Londres, donde la gente camina incluso más agobiada que en Madrid, donde los turistas se agolpan para conseguir su deseada foto con la que presumirán meses más tarde, donde un mendigo suplica el pan a un ejecutivo agresivo, cuya ajetreada agenda le impide darse cuenta de la necesidad de la persona que tiene al lado.

De noche, en el tramo que hay sobre el Támesis entre el Parlamento y el London Eye, hay un breve minuto, sólo unos segundos, en los que se produce un silencio insólito. Los semáforos en rojo y la carretera vacía dan la oportunidad de disfrutar de los colores brillando en la oscuridad. En ese instante de paz, ese pequeño respiro que brota entre el agobio, en ese pequeño momento de tranquilidad, en ese fugaz descanso para el alma... justo en ese tiempo, me vienes a la mente, y es cuando más te echo de menos.

jueves, 1 de octubre de 2009

Desde Londres... con amor ;)

¡Saludos desde el Reino Unido!

Tras dos horas de viaje, en las que mi compañera y yo nos replanteamos unas doce veces nuestra elección de destino "Erasmus" (exactamente cada vez que la azafata se dirigía a nosotras), después de coger veinte autobuses, un tren, y de conocer al taxista más hostil de todo Londres, aquí estamos: en nuestro quinto piso sin ascensor.

Y es que las cosas quizá no hayan salido como imaginábamos, pero la verdad es que esta ciudad palia todas las decepciones que nos llevamos con el alojamiento. Quizá no tengamos agua caliente, y tengamos que compartir la habitación con una persona más... Pero no cambio por nada la emoción de salir de la boca de metro de Westminster y encontrarme de sopetón con el "Big Ben".

Todo es más caro, pero todo es mucho más bello. El sol se deja ver bastante más de lo que esperábamos y los ingleses son más parecidos a nosotros de lo que imaginábamos. La residencia es de una orden española, y por lo tanto nos sentimos como en una pequeña España en el corazón del barrio de Kensington.

No tengo palabras para describir lo emocionada que estoy, me parece estar viviendo en una película. De todas formas sigo estando triste y debo compartir con vosotros que "skype" me parece el programa informático más útil que he encontrado, y a la vez siento que es el más cruel de todos: parece real pero al final es tan sólo una pantalla.

Londres sabe a frío, a agujetas, pero también a belleza, a impresión, y a un calor inesperado.

À bientôt!

lunes, 21 de septiembre de 2009

Inteligencia emocional

Y es que en un día como hoy, un lunes cualquiera, se me pasa por la cabeza si puede existir relación entre la intensidad con la que percibimos los sentimientos y el desarrollo intelectual de cada persona. Dando vueltas a esta idea, quiero creer que esto no es así. Pienso que cuando varias personas experimentamos un sentimiento común, la variación en la intensidad depende únicamente del contexto, y si también éste último coincide, no encontraremos diferencia alguna. Lo que ocurre es que una persona que es inteligente, desarrolla su capacidad de expresión, y no es que sienta más, sino que expresa mejor lo que siente, con mayor exactitud y empatía para el que le escucha. Teniendo esto tan claro, sorprende ver cómo hasta el más sabio se queda sin palabras y le tiembla la voz cuando se topa con un sentimiento fuerte, tal y como le ocurre al que nada sabe ni conoce.

Me da por pensar que ya no creo que existan personas o corazones duros. Creo en las máscaras y en las armaduras, que se empeñan en endurecer corazones blandos y personas sensibles, ocultando bajo una fachada mediocre la grandeza de cada ser humano. Porque si algo he aprendido hoy, es que la más dura de las despedidas es capaz de oxidar armaduras, romper máscaras y dejar al descubierto las más sinceras sensaciones.

À bientôt!